Oriente Medio se precipita hacia un conflicto a gran escala en la frontera oriental inmediata del Consejo de Europa. A la vez que se lanzan los misiles, el derecho internacional se utiliza como arma. Los civiles en Irán y en toda la región sufren las consecuencias de la fuerza.
Esta escalada, junto con la reciente sucesión de crisis, subraya la necesidad de un marco jurídico europeo común para los 46 Estados miembros del Consejo de Europa, capaz de evaluar las violaciones, el uso de la fuerza y las sanciones, a la vez que garantiza que se toman decisiones continuas y coherentes sin caer en la parálisis. Lo que antes era un debate, ahora es un imperativo estratégico.
Como vimos en la crisis de Venezuela, la situación no puede reducirse a una elección binaria entre la condena y el apoyo, sea cual sea el líder y la naturaleza del régimen de Teherán. Estamos en una fase de deconstrucción del orden jurídico internacional en la que los impulsos y la ley del más fuerte buscan gobernar las relaciones entre Estados. Ese mundo no conoce orden jurídico, tan solo la fuerza y dobles raseros.
Nadie puede esconderse tras la pretensión de que este orden nunca ha sido violado, o de que los poderosos no han impuesto su voluntad cuando les convenía. Lo que hemos visto en Ucrania, Gaza, Venezuela, y de una forma diferente en Groenlandia, se trata de un movimiento hacia la descomposición total de ese orden.
La seguridad paneuropea reposa, demasiado a menudo, sobre formatos ad hoc, sin una base jurídica común, sin una autoridad permanente que tome decisiones y sin estructuras para garantizar la continuidad. Esta fragmentación ya no es sostenible.
Europa en su conjunto debe actuar para desescalar el conflicto en el Golfo y proteger la seguridad de sus ciudadanos en la región. Europa debe insistir en el respeto del derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas.
Me sumo a las llamadas a todas las partes del conflicto para pedir un cese inmediato de las hostilidades. (Leer más...)

