La despoblación rural y el desplazamiento de personas de determinadas zonas debido a la expansión del turismo son dos asuntos importantes a los que se enfrenta la Europa moderna. La escala de estos problemas es enorme. Durante la pasada década, muchas regiones rurales del continente, principalmente del este y el sur de Europa, registraron descensos de la población superiores al 10%, llegando en algunos casos a cerca del 30%.
Mientras tanto, el sobreturismo también está teniendo un profundo impacto en la población. Por ejemplo, una localidad como Capri, en Italia, recibe más de 2,5 millones de visitantes anuales, lo que ejerce una enorme presión sobre sus infraestructuras.
El círculo vicioso de la despoblación
Los alcaldes y concejales del Congreso de Autoridades Locales y Regionales han tratado estos asuntos en la sesión que celebran actualmente en Estrasburgo.
“La mayoría de la gente no abandona las zonas rurales porque quiera, sino porque tiene que hacerlo”, ha declarado la co-relatora Eke Folkerts, ministra regional de Friesland en los Países Bajos. “Sin embargo, el éxodo rural no es inevitable. Combinando el conocimiento local y el liderazgo con un firme apoyo de los niveles superiores de gobierno, podemos crear nuevas oportunidades para las regiones rurales”. Sus conclusiones se produjeron durante la presentación del informe “Éxodo regional en Europa: abordar las causas y crear nuevas oportunidades para las comunidades rurales”.
El informe señala que la magnitud del desafío es considerable. A medida que disminuye la población, las economías locales pierden mano de obra y competencias, la vida comunitaria se debilita y los servicios públicos son más difíciles de sostener, lo que crea un círculo vicioso que acelera aún más la despoblación allí donde los niveles de prestación de servicios son insuficientes.
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