La definición exacta de Europa como espacio geográfico ha sido cambiante a lo largo del tiempo. La Antigua Grecia fue la primera cultura que utilizó este término, Europa era una figura de la mitología griega. Los griegos dividieron el mundo entre Asia, África y Europa, pero no definieron claramente los límites orientales de esta última: se situaba con frecuencia en torno al Río Don en Ucrania. Los romanos perpetuaron esta distinción, ampliando sus límites claramente hasta el Atlántico. No obstante, la frontera realmente importante para ellos se encontraba entre el mundo mediterráneo de Roma, que incluía el norte de África y Asia Occidental, y Europa al norte del Imperio.
Si nos asomamos al siglo XVIII, el geógrafo sueco Philip Johan von Strahlenberg propuso los Montes Urales y el río Ural como el límite geográfico oriental. Está convención ha sobrevivido más o menos hasta hoy.
Sin embargo, en el pasado cuestiones culturales han erosionado las fronteras. Especialmente, en la Edad Media, la idea de Europa se asoció con el cristianismo, lo que excluyó a muchos europeos. Más tarde, durante la segunda mitad del siglo XX, comenzó el proceso de integración europea, en el que se enmarca la fundación del Consejo de Europa en 1949. Al mismo tiempo, Europa sufrió una división debido a la dictadura comunista durante la Guerra Fría. El resultado fue “Europa oriental” y “Europa occidental”, y a menudo cuando la gente habla sobre Europa y unidad se refieren exclusivamente a la parte occidental.
Siguiendo el cauce de democracia
Con el retorno de la democracia a algunos lugares del sur de Europa y la caída del muro de Berlín a finales de los años 80, el Consejo de Europa se expandió. Hoy cuenta con 46 Estados miembros. Se extiende desde el Cáucaso hasta cerca de Canadá, desde el Ártico hasta Malta.
No hay mayor expresión de la Europa política moderna.
Ninguna otra organización puede hablar con tanta claridad de los valores europeos con la voz de los 46 Estados miembros: democracia, derechos humanos y Estado de derecho.
La enorme influencia del Consejo de Europa
El alcance geográfico del Consejo de Europa no termina ahí. El Convenio Europeo de Derechos Humanos, por ejemplo, se aplica, al menos parcialmente, en muchas entidades extracontinentales de Europa, como Groenlandia, vecina de Canadá en América del Norte, Nueva Caledonia en el Pacífico, Curaçao en el Caribe, Santa Helena en el Atlántico meridional y la Reunión, en el Océano Índico.
Pero ni siquiera ese es su límite geográfico. Los Estados observadores del Consejo de Europa (Canadá, los Estados Unidos, México, Japón y la Ciudad del Vaticano) se suman a la enorme cantidad de lugares en los que está presente la organización.
Además, algunos tratados (el Consejo de Europa cuenta con unos 230) están abiertos a Estados no miembros. Esto supone que, por ejemplo, el órgano consultivo sobre derecho constitucional del Consejo de Europa, la Comisión de Venecia, puede influir en países miembros tan diferentes como Perú y Kirguistán, mientras que el Convenio de Berna, que protege la fauna, ha sido firmado por países como Burkina Faso o Túnez.
El Consejo de Europa es Europa… y mucho más.
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