Estamos tan acostumbrados a ver las 12 estrellas doradas sobre el fondo azul noche (en los billetes y las matrículas, los permisos de conducir y las señales de tráfico, las manifestaciones, los concursos de canciones, los torneos de golf…) que casi ya ni las vemos. Se han convertido en parte de nuestra identidad compartida, trascendiendo la diversidad del continente.
Pero ¿cómo nació la bandera europea?
En los años 50, con el viejo continente aún en ruinas por la guerra y dividido por el comunismo, el joven Consejo de Europa consideró que era necesaria una nueva bandera que simbolizara a Europa y el europeísmo. Se convocó un concurso. El público puntuó los diseños (algunos de los diseños descartados se encuentran en la galería que figura al final de este artículo) y finalmente se eligió la ya familiar bandera amarilla y azul.
Las 12 estrellas no son indicativas de los Estados miembros: se eligió el 12 como número de la unión perfecta y la estabilidad. El diseño es sencillo y fácil de realizar (los vexilólogos dicen que una buena bandera debe poder ser dibujada por un niño) y de reconocer.
El Consejo de Europa desveló la bandera el 9 de diciembre de 1955. Ha llegado a convertirse en algo reconocible al instante, asociado a los valores fundamentales de la organización. (No fue hasta la década de 1980 cuando la bandera fue adoptada por la otra organización que se convertiría en la Unión Europea.)
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