Según la Organización Mundial del Turismo, millones de europeos dedicarán sus vacaciones de verano al senderismo y las excursiones. Esta forma de viajar se pone cada vez más de moda, y destinos como los Alpes, los Dolomitas y los Balcanes están experimentando un gran auge. Y aquí surge una curiosa paradoja: las vacaciones de senderismo son a la vez modernas (incluso están a la moda) y, al mismo tiempo, tienen raíces muy antiguas.
Tomemos como ejemplo las Rutas de la Trashumancia, uno de los Itinerarios Culturales del Consejo de Europa. La trashumancia, para quienes no estén familiarizados con el término, es el desplazamiento de rebaños de animales domésticos entre distintas zonas de pastoreo a lo largo del año. A menudo, esto implica que un pastor de ovejas, un cabrero o alguien similar traslade a los animales desde los pastos de invierno, situados a baja altitud, hasta los pastos de verano en colinas o montañas. En ocasiones, estos desplazamientos cubren distancias considerables. Se trata de una forma bastante eficiente y sostenible de ganadería.
Con Pan y el viejo Silvano en plena naturaleza
Las Rutas de la Trashumancia siguen caminos reales recorridos por rebaños y manadas en Europa y en México, que muestran una sorprendente diversidad de paisajes. Recorrerlas permite seguir, literalmente, las huellas de generaciones de pastores.
Y hablamos de huellas en el sentido más literal. Estos senderos se han ido formando a lo largo de milenios gracias a la interacción constante entre el ser humano y la naturaleza. Desde los primeros pastores de hace 7 000 años, asentados a lo largo de la costa mediterránea y que llevaban a sus animales a las colinas cercanas; pasando por las primeras rutas pastorales protegidas por ley (las cañadas reales en España); hasta las Rutas de la Trashumancia del Consejo de Europa en la actualidad, estos itinerarios perduran en ese límite entre lo asentado y lo salvaje, y, de algún modo, también nos dicen quiénes somos como europeos.
Estas rutas tienen como objetivo promover la identidad y la integración europeas, ya que constituyen un legado cultural común tanto al norte como al sur de Europa. De este modo, se crea una red de vínculos culturales entre itinerarios con historias similares, preservando y reinventando un paisaje cultural de pastos y prados.
Si tienes pensado hacer una escapada este verano, ¿por qué no incluir uno de los Itinerarios Culturales del Consejo de Europa en tus vacaciones? Desconecta de todo recorriendo senderos de pastores cuyos orígenes se remontan al Mesolítico. Y, si la trashumancia no es lo tuyo, siempre puedes echar un vistazo a otros Itinerarios Culturales del Consejo de Europa, como la Ruta de los Fenicios, la Ruta Europea de la Cerámica y la Ruta de los Cafés Históricos. Cada una de ellas ofrece un sinfín de ideas para tus próximas vacaciones.
El campo sienta bien. Ya lo decían en tiempos de Virgilio.
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